Breve Reseña de “Albert Schweitzer, La vida de un hombre bueno” de Jean Pierhal.

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Este es un libro biográfico del destacado pastor, misionero, teólogo, filósofo, músico, y médico, a veces también arquitecto, Albert Schweitzer, ganador del premio Nobel de la paz, entre otras condecoraciones.
Fue escrito mientras el pastor Schwitzer aún vivía, y publicado el mismo año en que moriría a la edad de 90 años.
Es un libro que te permite conocer a un verdadero profeta contemporáneo que vivió la etapa final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Un hombre cuya lucidez le permitió intuir la llegada de la primera guerra mundial, y aún presagiar con mucha anticipación la segunda guerra. Incluso aún más, su “ética del profundo respeto por la vida” y su convicción de que la muerte de la filosofía, la ética y la cultura y la enorme sed de poder económico y militar amenazan no solo al hombre mismo sino que a todo ser viviente, me hacen ver que este hombre ya intuía lo que hoy es la inquietante verdad de la destrucción producida por la ambición del hombre y que se manifiesta en la catástrofe climática que estamos viviendo.
La vida de Schwitzer, descrita en este libro, enseña que todo aquel que es privilegiado, todo aquel que recibe algo bueno, debe compartirlo, que esa es la misión del que tiene algo que destaca: darlo y compartirlo con quien no.
Cualquiera que lea las polémicas investigaciones sobre el Jesús Histórico de Albert Schweitzer podría decir, con ligereza, que este hombre no tenía fe o la había perdido. Sin embargo, creo que en la vida de este hombre de paz resuenan con mucha fuerza las palabras de Santiago cuando nos dice: muéstrame tu fe por tus obras. Pues este Pastor y Misionero mostraba una fe más viva que cualquier creyente en la mística bíblica (entre los cuales me incluyo) pues entendió a la perfección el mensaje que Dios nos dio al hacerse carne: no se sujetó a sus privilegios como cosa a que aferrarse, sino que derramó su vida hasta la muerte por los demás. No solo eso, su hospital en África era una verdadera embajada del Reino de Dios pues, en medio de la segunda guerra mundial, era un espacio neutro, rodeado de guerra, donde convivían en paz soldados de todos los bandos, protestantes, católicos, indígenas, negros y animales, algo como eso no puede provenir de un hombre sin fe en el mensaje cristiano.
Este libro me demuestra también, una vez más, que los grandes hombres de Dios siempre han tenido esperanza en que aún queda bondad en el ser humano, que se debe tener fe en que el hombre sigue teniendo algo de la imagen de Dios dentro de sí, pues este señor, por medio de la entrega no solo se dio a si mismo, sino que también pudo comprender y darse cuenta de la bondad de los más despreciados y maltratados de todos: “los salvajes de África”. Creo que A. S, siendo un hombre tan culto, siendo un tipo que tan claramente podía jactarse de ser el orgullo de la cultura europea, se dio cuenta que, en realidad, los europeos eran y han sido más irracionales que las tribus más bárbaras de los países “incivilizados”. Se dio cuenta que los europeos podían sacrificar vidas humanas a los ídolos de las banderas, y que podían asesinar a sus hermanos por el fetiche del odio racial y el poder, de manera que todo aquello excedía y excede en mucho la “brutalidad” de los caníbales y sus hechiceros.
Un hombre sencillo, alegre, inagotable, que predicó el amor de Cristo con sus obras.
Muy recomendable!

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