“Poesía profetista”.

El profetismo es una forma poética que opera como una ficción teológica, en virtud de la cual se usa un lenguaje “reina-valeriano” para expresar injusticias de nuestro tiempo de la forma en que aparece en la voz de los profetas del Antiguo Testamento.

No pretende ser una profecía en sentido espiritual ni tampoco una parodia, sino un anhelo de justicia, un anhelo de paz y temor a Dios en esta época. Un deseo de que Dios hablara por nosotros como hablara en tiempos antaños, escrita por alguien que así se desahoga, y siente consuelo al hacerlo.

Lo hago desde hace tiempo en forma personal, pero me es sano escribirlo, así lo saco de mi un rato.

En el mejor de los casos léalo como una predicación muy resumida, en el peor de los casos, como las palabras de un pretencioso con problemas de ego graves. Como sea, aquí va:

“Así dice el Señor, cansado, cansado estoy de vuestros coros, y vuestras liturgias, me aburren, me aburren vuestros ensayos constantes, y sus grandilocuentes palabras de honor hacia mí. Ángeles tengo que me adoran, y que dicen cosas bellas a mi persona, aunque yo no las requiero, porque inseguro no soy, y creen ustedes que con eso me honran, y que con eso me agrado. Pero yo no los oigo, se queda en el techo de sus estadios repletos para los que cobran entradas. Se quedan en el techo de sus congregaciones, donde todo miran sus nucas. Pero no se aman, no son amigos, no comparten, no hacen justicia al huérfano, no rescatan al pensionado, y al migrante que muere de frio no atienden, y a la tierra destruyen, y contaminan, y mi mundo y su plenitud que es mía no salvan. Yo no oiré, no oiré hasta que entiendan lo que a mí me agrada.”.

“Ay de los que dicen, pongamos a este hombre por Rey nuestro, porque invoca el nombre de nuestro Dios, porque dice que en él cree, pero no consideran que es un estafador, no consideran que a sus trabajadores oprime, y a los pobres no alimenta, que perseguido ha sido por dañar al anciano que no tiene ya fuerzas para trabajar ¿no saben? No todo aquel que dijere Señor, Señor… El Rey que juzgue la causa del afligido y del menesteroso, ese es el que me conoce aunque no lo diga, pero si dice conocerme y no juzga con justicia ¿acaso me conoce?”.

“Apóstol, profeta, ángel, así llaman a los mentirosos que devoran la casa de la viuda, que toman del tesoro de Jehová, que es del huérfano, que es del extranjero, que es del oprimido. Apóstol y profeta hay entre vosotros, a los que sirven a la mesa toda su vida, entre los que murieron por causa de la justicia, luchando por el rechazado, abogando por los miserables, albergando en su casa al que tenía frío aun cuando pudiera robarle”.

“Ay de ustedes, que dicen, esta es casa de Jehová, esta es casa del Señor, y la hermosean y la hermosean, gastan y gastan, para celebrar reuniones a su nombre, pero la gente que asiste no tiene techo, ni tiene salud, ni educación, y sus lugares de reunión no sirven para atender al desvalido sino para estacionar sus autos, orgullo vuestro, símbolo de la compañía del Señor.

Vayan y entiendan, vayan y aprendan, que mi templo son ustedes, y que mi templo está en la tierra, y si ustedes sirven en la tierra, hacen de este mundo mío un eterno culto a mi nombre, y si así me invocaren, a ti iré y te bendeciré.”

“A lo bueno llaman malo, y a lo malo bueno.

Y no, no son los mundanos, sino ustedes, mi pueblo, dice el Señor, los que llaman bien al mal y mal al bien.

Porque llaman bueno cerrar las puertas a los extranjeros, y malo a recibirlos con pan y abrigo;.

Porque llaman bueno a desamparar a los que tienen hambre y sed de justicia, y malo, como si fuera rencor, a los que piden saber dónde están sus padres, sus hijos, sus hermanos, así habéis obrado con los detenidos desaparecidos;

Porque llaman bueno a la acepción de personas, a perseguir al que no cree como ustedes, al que no vive como ustedes, y llaman malo al respeto, llaman maldad a la igualdad y a la libertad.  

Porque llaman bueno al que invierte en destruir mi creación, llaman bondad al que produce y produce, y devora y devora la tierra, mientras llaman malo al que la conserva, la protege, la cultiva, y le da descanso.

Porque llaman bueno al corrupto, al ladrón, al que abusó del poder del dinero, del poder del Rey, para favorecer a los que todo tienen, pero malo dar justicia al pobre, al pensionado, al indígena.

Porque llaman malas a las mujeres que se organizan para luchar contra la violencia contra ellas, y llaman buenos a los que callan sus crímenes.

Porque llaman sabio al que calla los crímenes de la iglesia, de sus líderes, los robos y los abusos a los pequeños, pero llaman necio y diabólico a los profetas que la denuncian.

Porque llaman bueno el discriminar, excluir, censurar al trans, y malo protegerlos de la violencia, de la muerte, de la soledad y la incomprensión.”.

“Te adoramos para que nos des, para que ensanches nuestra tierra, para ser consumidores satisfechos, para obtener status, casas, autos, departamentos, para tener tanto o más que el vecino, para ir a la Universidad, comprar la tele ancha, el departamento amplio, el celular inteligente, para presumir tu mano en Instragram, para proclamar en Facebook” Así dicen vuestras predicaciones, vuestras oraciones y vuestros cánticos. Pedís mal, hacéis del Señor uno de plástico, que da plástico. Pedís para destruir la tierra, vuestras canciones escritas están con letras de marketing, de colores llamativos, con luces de neón, mas yo veo esas letras que dicen: caos, destrucción repentina, muerte, intoxicación, huracán, inundación, sequía, envenenamiento, sed, hambre. Y pagarán primero los pobres de la tierra, y después ustedes, el pueblo, y solo al final los que estas mentiras os vendieron. Pero todos pagarán, pues vuestro dios es el plástico y el plumavit, vuestra adoración el consumo y vuestro sacrificio el tener y desechar, el daño de la tierra y su plenitud, que es mía”.

“Poder tenemos, los presidentes se pasean con nosotros, los políticos cantan nuestros cantos, entraremos al poder, reinaremos, gobernaremos, seremos prósperos, somos elegantes, finos, estamos por fin en la élite. Todo en nombre de nuestro buen dios a quien adoramos, y los reinos del mundo nos ha dado, ante quien nos postramos, y nuestro es el poder de la tierra. Aferrados a la condición de reyes, tomamos forma de servidos, haciéndonos mandamases hasta la muerte.
No les digas zorras, Dios los puso por autoridad, no le digas cueva de ladrones, ellos cantan con nosotros ¡hasta fingen emoción! esa es la voluntad de Dios, ponernos de los primeros a nosotros, junto a ellos, traemos la bendición, nosotros mismos liderando, figurando, reinando, imponiendo, gobernando por decreto.
No queremos más a los pequeños, queremos a los grandes, no queremos ser pequeños, queremos ser grandes, no queremos más ser pobres, queremos riqueza, los importantes están con nosotros, bien sentaditos adelante, bien sentados rimbombantes.
Nuestro es el poder, el Estado estará dominado por nosotros, su dinero será nuestro, su violencia será nuestra, está es la voluntad de dios, embriagarnos con los poderes de la tierra.”.

 

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